Disrupción Educativa… ¿El siguiente paso?

Dra. Sara Lorelí Díaz Martínez

Históricamente, la humanidad ha pasado por varios acontecimientos disruptivos (guerras, genocidios, revoluciones industriales, carreras espaciales, avances tecnológicos, entre otros) los cuales se han traducido en avances significativos, impulsando a los países a realizar cambios sustanciales en los entornos económicos, políticos y sociales.

Como ejemplo de lo anterior, la segunda mitad del siglo XX se caracterizó por la llegada de la electrónica, de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones a los distintos contextos, rompiendo así las barreras geográficas a través de la internet y posibilitando tanto el pronto acceso a la información como una comunicación totalmente atemporal y continua para facilitar la toma de decisiones.

Durante el siglo XXI, el impulso al desarrollo de la Inteligencia Artificial y su aplicación en la vida cotidiana, ha promovido la generación de sistemas inteligentes y tecnologías ubicuas ante la necesidad de las empresas de reducir costos de operación y mantener el flujo de comunicación 24/7 con los usuarios finales a través del ciberespacio.

Estos cambios han impactan a la sociedad existente transformándole en una nueva “sociedad de la información y del conocimiento”, que a su vez demanda la pronta resignificación de valores sociales, de uso del tiempo, de incorporación de nuevas metodologías, de nuevos conocimientos, de pensar creativamente y de   habilidades para el trabajo. Ante este contexto de globalización, de aceleración del cambio y de las incesantes revoluciones tecnológicas e informáticas, se le impone a la educación el desafío de modificar sus modelos educativos y curriculares, con planes de estudio de mayor flexibilidad, para formar estudiantes con las capacidades que les permitan desempeños efectivos.

Lo anteriormente expuesto requiere de importantes procesos de innovación educativa, donde se gestionen nuevos espacios y métodos de aprendizaje; es aquí donde el modelo napoléonico deja de ser funcional y es necesario entonces el planteamiento de una nueva forma de llevar a cabo este proceso a través de la Educación Disruptiva.

¿Qué es la educación disruptiva? Es un cambio de raíz en la forma de llevar a cabo el proceso educativo y parte de un profundo análisis de los resultados obtenidos previamente contrastados con los objetivos formativos establecidos y las demandas del contexto local y global, de ahí la importancia de tener una evaluación imparcial, objetiva y sistemática de dicho proceso.

Esta transformación radical puede darse en micro (a nivel de un currículum en particular), meso (a nivel de grado escolar o de un sistema institucional) y macroescenarios (a nivel país, dirigida a todos los niveles educativos), e implica dejar de lado intereses particulares (económicos, sociales, políticos) para entender y asimilar las necesidades reales en pro del logro de una meta en común.

Uno de los ejemplos más conocidos es el caso del sistema educativo de Finlandia, lo cual representó un gran reto para todos los tomadores de decisiones en ese país, quienes dejaron de lado sus banderas partidistas, para entrar en sinergia con el sector gubernamental, el educativo, el empresarial y la sociedad en general, llevando a cabo un análisis crítico de la situación que imperaba al no alcanzar los estándares mínimos establecidos por la OCDE a través del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (evaluación PISA). Esto deja clara la necesidad de pasar de una educación en masa, despersonalizada y orientada a la capacitación técnica de sus discentes, a una donde el acento se enfoca en el desarrollo humano, la inclusión, la motivación a la participación, en promover la igualdad y en evaluar lo que realmente debe estar presente en los alumnos a partir de vivir la experiencia formativa.

Otro caso interesante es el de la Universidad Minerva de Estados Unidos, el cual surge a partir de un grupo de personas que ven con decepción lo que sucede en algunas universidades y que se reúnen para concebir una forma de ofrecer estudios universitarios en los que se hace consiente al alumno de su desarrollo propio, a través de preguntas como: ¿Quién es? ¿Cuál es su forma de pensar? ¿Cuáles han sido sus logros en los niveles de formación previos?

Minerva no tiene un campus fijo ya que todo es en línea. Su pedagogía está basada en el desarrollo de pensamiento crítico y creativo, comunicación e interacción efectivas y tienen como fin común desarrollar ciudadanos globales con capacidad de liderazgo innovador.

Cuentan con un currículum innovador que explota las capacidades individuales de los estudiantes pero que también les lleva a trabajar de forma colectiva para la construcción de su aprendizaje y la divulgación del conocimiento; para lo anterior se le ha dado un peso importante a los debates, dejando de lado las clases magistrales.

Por lo mismo, los profesores han tenidos que capacitarse fuertemente para asumir su nuevo rol de facilitadores y guías, así como para llevar a cabo una evaluación permanente (no hay exámenes) basada en hábitos de mente y learning outcomes, lo cual le facilita al estudiante saber lo que está haciendo bien y dónde están sus áreas de oportunidad.

Una característica importante que sobresale en ambos ejemplos, es la importancia del desarrollo humano, del trabajo que se realiza con los estudiantes a nivel de su ser interior, en busca de obtener el que asuma que el aprendizaje depende de sí mismo, apoyado por su facilitador y por una pedagogía lo suficientemente innovadora para ser su base en la consolidación del conocimiento.

Estos casos, son ejemplos claros de una educación disruptiva en diferentes escenarios. En ambos casos, el objetivo era atender a una realidad imperante donde por más ajustes que se habían hecho a los modelos educativos ya existentes, buscando responder a las necesidades del contexto, simplemente no se obtenía la respuesta adecuada. Fue necesario entonces, llevar a cabo un análisis profundo de lo que realmente estaba demandando la nueva sociedad, la denominada “Sociedad Digital”.

Mucho se habla de que, a nivel global, ya estamos viviendo la Cuarta Revolución industrial, caracterizada por la búsqueda de automatización total de los procesos de manufactura (sin tener ya la intervención de mano de obra humana) a través de sistemas ciberfísicos (son maquinaria física y tangible apoyada en procesos digitales, con capacidad de tomar decisiones descentralizadas y de colaborar con los humanos), que operan a través del internet de las cosas y del cómputo en la nube.

Así, se habla entonces de que las empresas apuestan por estos sistemas inteligentes (67% de las empresas encuestadas en el Foro de Davos 2017 expresó que están dispuestas a asumir el riesgo que esto implica) que pueden controlarse a sí mismos en todo momento, lo cual reduce considerablemente la cantidad de puestos de trabajo.

Para quienes buscarán un empleo (desempleado, recién egresado, por egresar) tendrán el reto de adaptarse lo más rápidamente posible y volverse más competitivos ante estos cambios y, por lo mismo, buscarán trazar rutas de formación y capacitación más adecuadas a sus necesidades de desarrollo.

A la par de esta revolución industrial, también se habla de generaciones educativas y se dice que actualmente estamos en la Educación 4.0 tratando de responder a esta nueva demanda de formación donde se requiere menos presencia humana y más inteligencia artificial, desafortunadamente la respuesta de los sistemas educativos es mucho más lenta que los avances tecnológicos y su absorción social. Pareciera entonces que se aproxima una nueva disrupción educativa pero mucho más radical.

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